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 OPINIÓN | Por Mario Mora

Cataluña y la música han sido noticia por dos motivos diferentes esta semana. Por un lado, saltaban las alarmas en la Orquesta Sinfónica de Baleares al anunciar su director que el conocimiento del Catalán sería necesario para tocar en esta orquesta. Un día después, aclaraba que no sería imprescindible pero que, en caso de igualdad, ayudaría a que el músico que demostrase conocimiento de esta lengua estuviese por delante del otro.

En fin, qué decir. Los que hemos tenido la suerte o (parece más bien) la desgracia de nacer en una tierra en la que solo se habla castellano ya nos resignamos cada año a no poder presentarnos a oposiciones de enseñanza pública que son convocadas en algunas Comunidades Autónomas que exigen un conocimiento de la segunda lengua oficial. Esto, aunque siga pareciendo injusto, puede llegar a ser comprensible por la necesidad por ley de poder ofrecer a los alumnos de una u otra comunidad las lecciones en los idiomas oficiales. No vamos a entrar en que así jamás se podrán tener en esas listas profesores internacionales, es que además en algunas comunidades no pueden tener ni siquiera profesores de otras autonomías.

Más grave parece lo que podría ocurrir en la Orquesta Sinfónica de Baleares, en la que el Catalán podría ser exigido para tocar en sus atriles. Si esta decisión se toma, es quizá una de las decisiones más absurdas que mezclan política y música en nuestro país. Una orquesta cuyos directores no son catalanes, y cuyos ensayos se realizan en castellano o en inglés, exigiendo a músicos (cuidado, no solo músicos de otras regiones de España si no a músicos de otros países) dominar el catalán para seguir interpretando en su plantilla las notas del lenguaje más universal.

Creo que sobran las reflexiones ante algo tan obviamente fuera de lugar. Vamos sin duda en el camino de destrozar el nivel de calidad que hayamos podido adquirir en la cultura española, y todo por mezclar música con ese sentimiento patriótico, egoísta o llámenlo como quieran que nos hace no mirar más allá de nuestras fronteras.

Por cierto, en la misma semana comenzó a brotar por los medios la noticia de que “algo” había pasado en otra comunidad catalana, con “algunos estudiantes de música” cuando el Rey visitaba la ciudad de Barcelona. La información era verdaderamente confusa. La Ser se refería a “los alumnos de la Escuela de Música de Cataluña”, El Plural habla de “distintos grupos de estudiantes de Les Musc” (Les Musc, así en dos palabras, como queriendo decir las moscas en no sé qué idioma. Les Musc…), otros medios como VilaWeb habla de “diversos estudiantes de música” y El País, de “diversos estudiantes de la escuela de música ubicada en el mismo edificio”. Pocos medios citaban a la ESMUC, la Escuela Superior de Música de Cataluña, que comparte edificio con el Auditorio, donde se organizaba la poco esperada visita del Rey Felipe VI. Un gesto repetido que vuelve a suponer una pérdida de oportunidad para que la sociedad conociese que allí, en la ESMUC, existen estudios superiores (véase Universitarios) donde alumnos de música se dejan su vida y su tiempo por el bien de la cultura – y el futuro de sus carreras, claro.

No hay nada mejor que una noticia de actualidad global mezclada con algún ingrediente relacionado con la educación musical para darnos cuenta de lo poco importantes que somos para la sociedad.

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