OPINIÓN | Por Mario Mora

“Querida señora del caramelito (¿…o debería decir del caramelito de las narices?):

Hace unos días nos separaban unas butacas en el primer anfiteatro del Auditorio Nacional. Usted no me vio. Yo a usted sí, y me permitió apreciar el brillo de su reloj que con tanta alegría agitaba, como una maraca, en los pianissimos más íntimos que Sokolov tuvo la amabilidad de regalarnos.

Pero no le escribo por eso. Le escribo por el cargamento de caramelos que usted tuvo a bien degustar a lo largo de todo el concierto. Gracias por haber aguantado los primeros minutos sin hacerlo. No debió de gustarle a usted que Sokolov repitiese la Exposición en la Sonata de Beethoven (¿quizá es usted de una corriente más neoclásica…?), porque justo ahí comenzó a toser. A veces a contratiempo, a veces sincopado, a veces mf, a veces ffff.

Gracias a usted, el recital se convirtió en destellos de un gran Sokolov velados por su inconfundible tos, el chistar de los que le rodeaban y las miradas de desesperación de los que queríamos echarla de allí. Y entre tos y tos, caramelo. Desenvuelto lentamente, en los momentos más íntimos, alargando la agonía de los que no nos podíamos creer lo que estaba ocurriendo.

¿Me permite unos consejos de alguien a quien casi triplica en edad? Espero que no se moleste.

1- Si uno tiene un poco de tos, se prepara unos caramelitos ya desenvueltos en unos clinex y se los guarda en algún bolsillo, bien a mano.

2- Si uno tiene mucha tos, NO VA AL CONCIERTO. Seguro que hubo muchísimos estudiantes que no se pudieron permitir los 65€ de la entrada; lo mejor que podría haber hecho usted es habérsela regalado a alguno de ellos.

3- Al contrario de lo que se tiende a pensar, los ruidos como los que usted hacía no solo molestan al músico, molestan mucho más al público. La próxima vez, piense en los que tiene alrededor.

4- Un buen amigo, Juan Miguel Morales, escribió una vez que “las toses en los conciertos no son generalmente resfriados, sino grietas de atención”. Aplíqueselo, y decida si ir al Auditorio es lo que más le apetece un lunes por la noche.

5- Las pausas entre movimientos no son para toser más, aunque esto se lo podrían aplicar el 30% de los asistentes. No entiendo cómo Sokolov no se levantó y se fue. Yo pasé auténtica vergüenza ajena.

PD: el concierto me encantó. Las Bagatelas, ¡una delicia!”

1 Comentario

  1. Sr. Mario, coincido con usted, esos “fff” súbito entre movimientos son una vergüenza. La impresión de escuchar un estallido de tosidos durante esas pausas en una retransmisión radiofónica (donde el sonido adquiere más presencia), es sobrecogedor. Quizás en las grandes ciudades la polución tenga su parte de culpa, no sé. En tono humorístico, leí un cuento donde un oyente aprovechando el silencio de una grabación en directo, dejaba su impronta para la posteridad, en forma de estornudo. Personalmente fui testigo durante la representación de un Wozzeck en el Liceo, del cuchicheo de dos señoras abonadas de temporada, (supongo que la función no encajaba con sus gustos estéticos), y de un vecindario harto de oírlas. El Señor sentado detrás, después de aguantar estoicamente un buen rato, les espetó en voz alta: Les molesta esa música tan fuerte? Desean que dejen de tocar, y así poder hablar tranquilamente? Cuando suspiro por más civismo y respeto, pienso en esos estrenos del s. XVII donde el populacho regentaba las partes altas del teatro. Algo hemos avanzado, o no.

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