¿Admirarías a un buen músico mala persona?

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OPINIÓN // Por Mario Mora

Hoy se celebra en 205 aniversario del nacimiento de Richard Wagner, un compositor al que muchos siempre asociamos con dos conceptos: revolución operística y amoralidad. Recuerdo, en una clase como estudiante de conservatorio, cómo un profesor rechazó tajantemente la música de Wagner por ser una persona horrible, antisemita, polémica y nada ejemplar.

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“Perjudicial”, le definía Nietzche, “antisemita, no solo él mismo si no su obra entera” comentaba Adorno, o “ese gnomo resoplado de la Sajonia con su talento colosal y personalidad lamentable”, palabras de Thomas Mann. Sobra entrar en detalles históricos sobre cómo el régimen Nazi valoró la obra de Wagner, o de cómo el mismo compositor afirmaba que “el judaismo era la mala conciencia de nuestra civilización moderna”.

La cuestión, sin embargo, va más allá. ¿Pierde validez la música de un compositor que demuestra no ser buena persona? ¿Debemos respetar a un profesional que abiertamente actúa de manera inmoral?

Todos hemos conocido grandes intérpretes, directores, compositores o profesores que han demostrado ser malas personas. Así, sin decorar el adjetivo. Porque podríamos decir, pues eso, amorales, antiéticos, rebeldes, inconscientes, indecentes… pero en definitiva, demuestran una calidad personal inferior frente a la profesional. Grandes nombres de la historia que, en petit comité, se comenta de ellos lo explotador que era con sus músicos, lo que las mujeres debían hacer si querían conseguir una plaza en su orquesta, lo corrupto que era en las negociaciones, o un largo etcétera que podríamos relacionar con nombres por todos conocidos.

Y yo me pregunto: ¿se debe separar lo profesional de lo personal? ¿debemos dejar de escuchar o de seguir a un intérprete porque su vida no sea ejemplar? ¿debemos quemar toda esa discografía wagneriana por descubrir su manera de ser?

Recientemente leía: solo se puede ser buen profesor teniendo buen corazón. Supongo que se puede aplicar a la música… ¿o no?

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Comentarios:
  • Raúl Illueca Varea
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    […] Soy totalmente ajeno al actual movimiento antisemita; mi ensayo publicado hace poco en las ‘Bayreuther Blätter’ ha sido interpretado en tal sentido pero en su espíritu se verá que es imposible mi pertenencia a aquel movimiento […].

    R. Wagner (extracto de carta a A. Neumann, fechada el 23 de febrero de 1881, en Bayreuth).

    Escuchando la música de Wagner con atención podemos reparar en el ser humano que hubo detrás: no es posible componer una música de esa profundidad, con un simbolismo y una carga espiritual tan fuerte, siendo un ser humano amoral. El arte es un reflejo de la conciencia.

    Wagner fue crítico con ciertos judíos en una época en que estos tenían una actitud mercantil o interesada para con el arte. Aun así, tuvo grandes amigos judíos que incluso portaron su féretro el día de su muerte.

    En la obra artística de Wagner hay un universo simbólico muy fuerte, de incomparable unión entre poesía y música.

    Todos los personajes principales de sus obras (Isolda, Sigfrido, Parsifal…) se salvan, redimen o evolucionan gracias al amor. El amor bien entendido, no confundido con deseo. El amor puro, incondicional.

    «La obra de arte es religión representada en vivo». R. Wagner.

    23 mayo, 2017 at 12:10 pm

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