Los instrumentos musicales en aviones producen monstruos

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OPINIÓN // Por Mario Mora

Quería yo haberte hablado hoy del comienzo del 2018, de propósitos de año nuevo, de deseos para este nuevo periodo, o del optimismo y la ilusión por el futuro de las cosas que comienzan cuando se le da la vuelta a un calendario… Pero no, no dejan de pasar cosas, y la actualidad manda.

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Me refiero a un instrumento que tras volar en un avión aparece destrozado en un aeropuerto. Eran imágenes que nos llegaban a Clásica FM la noche de reyes y que compartíamos en las redes sociales sin mayor intención que la de informar y denunciar la situación. Son imágenes dolorosas, porque ver una viola da gamba del S. XVII prácticamente sin media caja acústica, sin cuerdas, y totalmente destrozada… aunque no sepas el valor del instrumento, duele.

Pero sobre todo fueron las gentes cibernéticas las que decidieron, con esa manera actual de elegir lo que importa y lo que no, que sí, que esto era importante y había que difundirlo. Un poder dictatorial a través de retuits, de me gustas y de estas cosas que muestran hoy el día el termómetro de lo que interesa y no interesa.

Y se formó la gorda. Que si vaya con la Aerolínea, que no, que la culpa es de la señora Herzog por facturar, que si no podía facturar, que ahora dicen que sí podía, que no, que ha sido abierto por aduanas… Bueno, más o menos. Ponle tres insultos y cuatro descalificaciones y tienes un reflejo de la muestra de los cientos y cientos de mensajes y publicaciones sobre este tuit. Ahora analizaremos detenidamente lo que ha pasado porque podría haber una explicación que efectivamente no tendría que ver ni con la aerolínea, ni con la señora, aunque esto es como lo del atasco en la nieve: al final todos tienen un poquito de culpa.

Lo que está claro es que una obra de arte del S. XVII que además suena bien no puede destrozarse. Y es obvio que debe buscarse un responsable y pagar por lo que ha pasado. Lógicamente el instrumento es irreparable… bueno, se puede intentar reparar lo físico, pero dudo mucho que con ese destrozo, la madera vuelva a tener las mismas propiedades. ¿Y si se hiciese lo mismo con un cuadro de Goya? ¿O con una escultura de Miguel Ángel?

Está claro que es un caso más en el trato hacia los instrumentos en los viajes, incluyendo autobuses o trenes. ¡Ay, del día que podamos viajar con objetos valiosos con la tranquilidad y la seguridad de que éste llegue a su destino intacto!

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