El ruido de la práctica

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OPINIÓN // Por Mario Mora

(Llegue desde aquí un agradecimiento a todos esos vecinos que han sido capaces de soportar al músico que necesitaba estudiar en casa día a día. No saben cuánto bien han hecho a la carrera de ese instrumentista)

Hace unos días era noticia en los telediarios la sanción a dos colegios de Málaga con 12.001€ y la prohibición a sus alumnos de jugar al baloncesto debido al ruido generado por esta práctica. Una polémica que corrió como la espuma debido a la tajante interpretación de la ley por parte del juez de turno.

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Es difícil no relacionar el ruido de la práctica deportiva con el “ruido”, déjame entrecomillarlo, de la práctica musical. Cualquier vecino de músico puede asegurar lo incómodo para el descanso que puede ser tener un estudiante de música pared con pared, o lo que es peor, techo con suelo. Ni la flauta más dulce suena dulce en la práctica diaria y constante de un avanzado estudiante.

Ha habido muchos casos de denuncias por estos temas, de pianistas que casi son encarcelados por estudiar o de instrumentistas que, en el mejor de los casos, han podido gastarse una cantidad de entre 3 y 4 cifras de euros para acondicionar su lugar de trabajo. Y no recuerdo que ningún músico haya hecho nada al respecto: ni campañas, ni movilizaciones, ni huelgas… con las quejas y los comentarios o publicaciones en redes sociales parece habernos parecido suficiente.

Fijáos en el caso de estos entrenamientos de Baloncesto en Málaga. A los pocos días de conocer la multa, La Federación Andaluza de Baloncesto decidió suspender los más de 300 partidos programados para ese día y convocar una manifestación en contra de la decisión judicial. Incluso, grandes nombres del baloncesto internacional grabaron diversos vídeos con la campaña “Sin botes no hay paraíso”, se manifestaron en partidos oficiales y el virus llegó a todas las cadenas de radio y televisión. ¿El resultado? Titular de El País solo unos días después del anuncio de la sanción: “El Ayuntamiento de Málaga da marcha atrás y perdona el ruido del baloncesto colegial

En la música somos mucho de reirnos de la estupidez de los deportes y de los que llenan estadios para ver a personas correr detrás de balones. Somos muy de no comprender cómo alguien se gasta 50€ en una entrada de fútbol y jamás lo hará con los 10€ de una entrada de un concierto. Pero hay que reconocerlo: la comunidad deportiva ha ganado a la musical.

¿Para cuando la campaña “Sin música no hay paraiso”? ¿Para cuándo los grandes nombres de la música manifestándose por un caso de denuncias por estudiar un instrumento? O ya ni digamos por la exclusión de la asignatura de música en la enseñanza obligatoria, por la reducción de las plantillas orquestas, o en definitiva, por cualquier otro muro que impida alcanzar el fin del arte musical, que no es otro que crear ese paraíso que otros reivindican, también con sus razones, a base de botes de un balón de baloncesto.

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