Solo tres minutos

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OPINIÓN // Por Mario Mora

Te pido tres minutos. Es lo que los últimos estudios psicológicos afirman que la atención del ser humano de 2017 es capaz de atender sin despistarse. Menos de lo que tardas en ducharte, o menos de lo que dura la llamada a tus padres para ver cómo están. Solo tres minutos…

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Las grandes productoras musicales están ya invirtiendo millones en condensar en esos 180 segundos sus 4 acordes y sus dos versos. Más de 3 minutos serían suficientes para perderse en una repetitiva y explotada estructura armónica. Solo tres minutos…

Sin duda, uno de los grandes retos del arte tradicional es adaptarse a la sociedad actual. Una sociedad multitarea que distribuye su tiempo en pequeñas dosis de actividades rápidas, nunca acaparadoras, siempre ligeras y pasajeras. Y pretendemos que ese ser en continuo movimiento pare durante dos horas, apague el móvil y se siente inmóvil y atento a los acordes de los músicos. O al menos, durante más de tres minutos…

Los compositores y los intérpretes están preocupados. Descomponer la música tradicional en cápsulas de segundos sería perder toda la estructura, sería sustituir catedrales erigidas imponentes por pequeñas casitas de madera, como si esa fuese la evolución natural. ¿Hay algún camino posible? ¿A quién estamos dirigiendo toda esta información? ¿Cómo podemos solucionarlo?

No nos equivoquemos: el arte no entiende de tiempo. La mayoría de esos estudios están hechos con el plástico de la música comercial, y dejan al lado el oro de la música de tradición. ¿O acaso no aguantamos más de tres minutos al frente de un mar en calma, contemplando una obra de teatro o viendo esa película en el cine?

No, no somos idiotas; simplemente, no comemos pienso. O al menos, durante más de tres minutos…

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